EL ESTRATEGA FINANCIERO EN LA GUERRA COMERCIAL CAPITULO 02 “EL AGANDALLE INFLACIONARIO”
FINANCIAL THINK THANK
Gabriel Velázquez Hinojosa
gvelazquezhinojosa@gmail.com
julio
2022
La
inflación es el fenómeno económico que se produce cuando un país emite más
papel moneda o aumenta el circulante de éste presionando los precios al alza. Entender
Economía es muy difícil ya que la ciencia económica es complicada, de hecho, no
todos los economistas logran su entendimiento a cabalidad. El que muchos hablen
y opinen de algo que en el fondo no entienden, genera la falsa percepción de
que es algo que se pueda tratar coloquialmente. Si bien, a todos nos afectan
los cambios económicos, muy pocos son los que saben procesar la información
para analizar las repercusiones precisas y en qué momento se dan.
El
tratar estos temas con personas que no son economistas de profesión por muchos
libros que hayan leído o peor aún, que no han leído de Economía[1],
puede resultar en una discusión absurda al tener creencias más no conocimientos
sobre el tema. La ignorancia es un impedimento para lograr un entendimiento al
tomar decisiones, pero el ser un cretino[2]
hace que las decisiones se basen en la suerte; cuando se hace con dinero propio
no hay problema, pero cuando se hace con el patrimonio de una empresa es un
delito[3].
Sin
más preámbulo, la Inflación desemboca en una conducta que hemos denominado
“agandalle inflacionario[4]”, un
fenómeno que se produce como consecuencia de un alza en la inflación. Si bien
un aumento en los costos de los insumos, en el salario mínimo o una devaluación
de la moneda obliga a un ajuste en el precio, es decir a subir el precio. El
“agandalle inflacionario” en cambio, es una conducta perfectamente racional y
deliberada de aprovechar la coyuntura económica: ganar más dinero o volverse
rico de la noche a la mañana.
La
historia económica del país dio pie a ésta percepción y a los temores reales
que de un día para otro el dinero pierde su valor y los bienes alcanzan un
precio estratosférico. Por ejemplo, al principio del sexenio 1982-1988 se podía
comprar un automóvil Ford Grand Marquis con 200 mil pesos y al final, con esa
misma cantidad sólo se podía adquirir un VW sedán. Otro ejemplo se presentó en
el sexenio 1994-2000 cuando en prácticamente unos meses las personas que habían
adquirido un inmueble que rondaba los 300 mil pesos ya debían más de un millón
de pesos por las alzas en las tasas de intereses.
Pero
no todo es perdida de valor, en unos meses se puede ganar lo de varios años. En
el caso de una materia prima que se compraba alrededor de 70 pesos el ciento y
se vendía al menudeo en 5 pesos en 1993, para 1995 el precio de venta era de 15
pesos pieza y su costo fue de menos de un peso por unidad de un inventario que
duró varios años.
Un
ejemplo más, es el de una señora que no era economista; con sus ahorros de
varios años de trabajo antes de la crisis compró una casa por 700 mil pesos, al
final del sexenio la casa fue vendida por 3 millones de pesos. La razón que
expuso fue que recién casada, con su marido ahorraron para comprar una casa,
cuando reunieron la cantidad se vino la devaluación del peso en el sexenio de
1976-1982 y sólo les alcanzó para un departamento. Así que, su experiencia es
que los ahorros en el banco se diluyen por la pérdida de valor en la moneda.
El
instinto de cacicazgo de controlar el precio y las condiciones de venta, el
decidir a quién se le vende y a qué precio, acaparar y esconder las mercancías
para generar escases y presionar a pagar más es tentador, pero en varios aspectos
contraviene disposiciones legales. Por lo tanto, es ilegal y tiene
consecuencias (el que las autoridades no actúen es otro asunto).
No
obstante, el mercado tiende a arreglar la manipulación, lo primero es que deja
de consumir, porque ya no le alcanza; lo segundo, es que cambia de proveedor; y
lo tercero, en cuanto puede castiga el abuso. Estas prácticas prevalecen en los
monopolios y oligopolios, donde pueden fácilmente imponer sus precios y
condiciones, cooptar a la autoridad si ésta no se les ha entregado, pero en
otros casos, se actúa sin sustento, no se hace el costeo para determinar el
precio, sino que parten de percepciones en el mercado, se sube el precio en un
porcentaje fijo para todos los productos, mientras la inflación anual es de 8 a
10%, se hicieron 3 alzas de 15% cada una. Peor aun es cuando se abusa de la
necesidad del consumidor imponiéndole alzas que van del 30 al 200%. Hasta la
Procuraduría Federal del Consumidor tiene facultades de verificación y puede
sancionar estas conductas.
Por
lo tanto, el “agandalle inflacionario” es el frenesí que genera la inflación. Los
comentarios y opiniones de los ignorantes y cretinos en el tema generan que los
precios aumenten con la esperanza de volverse ricos de la noche a la mañana y
de salir favorecidos. La nula intuición de que el mercado los colapsará no les
permite ver el surgimiento de la nueva competencia directa por todos lados, desde
empleados[5] y
exempleados, hasta empresas bien consolidadas en otros sectores que deciden
incursionar ante lo atractivo de los márgenes de utilidad derivados del alza de
precios. Además de que un competidor experimentado bien asesorado prácticamente
los sacará del mercado.
La
conclusión es que ante el uso inadecuado de los términos se responsabiliza a la
economía, al gobierno, al banco central por conductas de particulares y empresas.
Por lo tanto, este proceder bien merece el término propio de “agandalle
inflacionario”.